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Una lavadora de cajas de acero inoxidable limpia las cajas reutilizables transportándolas a través de zonas cerradas donde el agua pulverizada y, cuando corresponde, el detergente aflojan y eliminan los restos de alimentos, la grasa y la suciedad. A continuación, un enjuague elimina la suciedad desprendida y la solución de limpieza. Según la máquina, puede seguir una etapa de soplado con aire o de secado.
En una planta de procesamiento de alimentos, las cajas que regresan del transporte pueden llevar residuos en las esquinas, las asas y las aberturas de ventilación. Mojar simplemente el exterior no es suficiente: la limpieza depende de que el agua llegue a esas superficies, de un tiempo de contacto adecuado, de productos químicos apropiados y de un enjuague que no vuelva a contaminar la carga.
La mayoría de las lavadoras automáticas de cajas utilizan un transportador para hacer pasar los contenedores por un túnel. La disposición exacta varía, pero la siguiente secuencia muestra el propósito de cada etapa.
Antes de cargar las cajas, los operarios retiran los restos grandes, el material de embalaje y otros objetos sueltos. Esto evita que se acumulen demasiados residuos en los filtros y ayuda a que el agua pulverizada llegue a la propia caja. Las cajas se colocan en la orientación especificada para la máquina, normalmente con las aberturas situadas de modo que el agua pueda entrar y salir.
El tamaño es importante en esta etapa. Una caja demasiado alta, demasiado ancha o mal colocada puede obstruir el transportador o pasar por la máquina sin recibir una cobertura adecuada de agua pulverizada. Las cajas encajadas unas dentro de otras también generan superficies ocultas; salvo que el equipo esté diseñado para lavarlas así, deben separarse antes del lavado.
Algunos sistemas primero pulverizan agua sobre las cajas para ablandar y eliminar la suciedad suelta. En el lavado principal, las boquillas aplican agua, a menudo mezclada con un agente de limpieza compatible, sobre la parte superior, los laterales y otras superficies accesibles. Las bombas suministran el agua pulverizada y el movimiento del transportador expone cada caja al lavado durante un tiempo determinado.
El impacto del agua pulverizada proporciona acción mecánica, mientras que el detergente ayuda a desprender la suciedad que el agua por sí sola quizá no elimine eficazmente. El agua templada puede mejorar la limpieza de algunos residuos, pero la temperatura debe ser adecuada para el detergente, el material de la caja y la suciedad. Por ejemplo, un calor excesivo puede dificultar la eliminación de ciertos residuos proteicos. Los ajustes adecuados deben determinarse según la carga real, en lugar de deducirse del aspecto de la máquina.
El enjuague pulveriza agua sobre la caja lavada para eliminar el detergente y el material desprendido que aún quede. Algunas máquinas utilizan un enjuague independiente con agua limpia; otras emplean una disposición distinta del agua. Es importante que el enjuague sea eficaz, ya que el agua de enjuague sucia puede dejar residuos en una superficie que, por lo demás, se ha lavado correctamente.
Después del enjuague, el agua puede escurrir por las aberturas de la caja. Las máquinas equipadas con cuchillas de aire u otro sistema de secado pueden eliminar más agua de la superficie. El soplado de aire no necesariamente seca por completo todos los huecos, por lo que el nivel de secado requerido debe comprobarse según el uso previsto y las condiciones de almacenamiento.
El rendimiento de la limpieza depende de la cobertura del agua pulverizada, el tiempo, la temperatura y los productos químicos. Cambiar un ajuste no siempre permite compensar un problema en otro aspecto. Por ejemplo, un detergente potente no puede limpiar de forma fiable una superficie a la que nunca llega el agua pulverizada.
La construcción de acero inoxidable de la lavadora es relevante principalmente para el propio equipo: proporciona una superficie duradera y resistente a la corrosión que puede limpiarse. No determina si la caja sale higiénica. El estado del agua, el sistema de pulverización, los ajustes y las superficies de las cajas siguen siendo importantes.
Empiece por identificardónde quedan residuos. Si la suciedad se concentra dentro de las asas o debajo de un reborde, puede deberse a un problema de cobertura o de orientación. Si la suciedad se extiende por muchas superficies, quizá sea necesario revisar la solución de lavado, el suministro de agua pulverizada, el tiempo de exposición o la carga de suciedad inicial.
Si los resultados siguen siendo deficientes después de estas comprobaciones, puede que la geometría de la caja no sea compatible con la cobertura disponible del agua pulverizada o que haya una avería en la bomba o los controles. Compruebe el estado de funcionamiento y la idoneidad de la máquina antes de aumentar la concentración química o la temperatura por encima del intervalo recomendado.
El lavado elimina la suciedad visible y puede reducir la contaminación, pero una caja que parece limpia no está necesariamente higienizada. Cuando se requiera una etapa de higienización, debe emplearse un método apropiado y aplicarse en las condiciones especificadas para ese método. La máquina puede contar con una etapa específica de higienización o esta puede realizarse por separado; no debe suponerse que un enjuague final con agua o un soplado de aire la proporcionan.
La verificación debe ajustarse al procedimiento de higiene de la planta. La inspección visual ayuda a detectar restos de alimentos, películas y rincones que no se hayan limpiado, pero no permite confirmar la ausencia de microorganismos. Cuando sea necesario, utilice el método de ensayo o supervisión definido por la planta e investigue los fallos reiterados en las superficies afectadas.
Una caja lavada puede volver a contaminarse si se coloca en un suelo sucio, se manipula con guantes sucios o se apila en una zona que no esté limpia. Siempre que la distribución lo permita, separe la zona de carga sucia de la zona de descarga limpia y utilice superficies limpias para la manipulación y el almacenamiento. Antes de apilar las cajas, deje que escurran lo suficiente si el agua retenida pudiera afectar a la siguiente operación.
El mismo principio se aplica a otros equipos que entran en contacto con alimentos. Por ejemplo, la cortadora de verduras de hoja VF tiene una cinta transportadora desmontable diseñada para facilitar la limpieza. Es una máquina cortadora, no una lavadora de cajas, pero su cinta desmontable ilustra por qué es importante que las superficies sean accesibles cuando hay que limpiar equipos y contenedores entre usos.